ORGANIZACIÓN INTELIGENTE
El término organización hace referencia al conjunto de elementos sociales y técnicos que
se encuentran en permanente interacción con el entorno (Rodríguez et al., 2004), asumiendo una estructura coordinada que permitirá responder ordenadamente a las dinámicas del
cambio, además de alcanzar los objetivos y metas específicas de la entidad que lo promueve.
El término inteligencia, por su parte, se asocia con la capacidad para resolver problemas
ante cualquier situación presentada; va desarrollándose a través del aprendizaje generado
por las vivencias ocurridas en su interacción con el medio (Escaño & Gil, 2006).
De esta manera, al asociar estos dos términos, se comprenden las aportaciones
de Senge (1997), quien acuñó la expresión organización inteligente como un elemento
sistémico de una empresa para saber enfrentar los cambios de un entorno volátil,
turbulento y con un alto nivel de incertidumbre.
La característica común en este tipo de organizaciones es la capacidad de aprender
a adaptarse, sobrevivir, y crecer en su entorno (León et al., 2003); esto es, contar con la
cualidad de cambiar lo tradicional hacia la mejora continua y duradera.
Las prácticas de una organización inteligente involucran diferentes perspectivas
de la administración y reconocen un importante número de factores que determinan
la conservación del aprendizaje organizacional, la habilidad para resolver problemas, la
participación de los empleados y el entendimiento de las variables del entorno. Dasgupta
(2012) integra siete variables con las cuales enmarca los enfoques de una empresa que
aprende:
1) el aprendizaje organizacional,
2) el aprendizaje individual,
3) el de sistemas y
procesos,
4) la cultura,
5) la memoria organizacional para recuperar el aprendizaje,
6) la
mejora continua,
7) la creatividad e innovación.
El contexto de la organización inteligente contempla la interrelación entre sus integrantes
y las disposiciones de la empresa y su estructura; Maddocks (2009) distingue algunos factores
ambientales que deben ser considerados para el desarrollo emocional de los integrantes
de la empresa, entre los que se destacan la participación, la responsabilidad, la apertura,
el reconocimiento, el facultamiento y la empatía. Al propiciar estos ambientes favorables,
despertarán las capacidades para enfrentar las situaciones de la organización, demostrando
actitudes de fortaleza, madurez, honestidad, aceptación, cooperación, cordialidad, con las
cuales el proceso de interrelación permitirá un aprendizaje constante de su entorno.
Como se observo en el caso la empresa llevo un proceso en el cual fue aprendiendo y adaptándose a lo que se le demandaba para su supervivencia y después para ser auto suficiente. Por lo tanto el modelo que considero que se acoplaría a una inteligencia es la subsunción real implica el desarrollo y control de nuevos modos de producir plusvalor (relativo) revolucionando las condiciones técnicas y sociales del proceso de trabajo, y por tanto el modo de producción mismo, la productividad del trabajo y la relación entre el capitalista y el obrero colectivos [cf. Marx, 1974: 73]. La clave de todo ello está en el desarrollo complementario tanto de la máquina como de la fábrica que va a conferir al capital una capacidad cada vez mayor de control sobre cada momento de dicho proceso y sobre quienes lo ejecutan [cf. Marx, 1975: 451-470,
La teoria marxiana del valor, lejos de constituir una gramática económica relativa a una determinación “objetiva” o “natural” de las proporciones del intercambio de los productos del trabajo, presenta un carácter eminentemente sociológico es necesario no perder nunca de vista el papel central que juega la diferencia entre trabajo y fuerza de trabajo en el despliegue capitalista de la forma valor de las relaciones sociales. Esta diferencia, por una lado, resulta la condición de la emergencia histórica (material y simbólica) de ambos términos, los "trabajadores" y sus tiempos, circuitos y ciclos - reposo, formación, ocio, consumo-; los "trabajos" y los suyos -tecnologías, materias primas mercados de bienes y servicios-. Convirtiendo a su vez la condicionalidad de los lazos entre los trabajadores, como fuerzas de trabajo, y los puestos de trabajo en un hecho estructural ligado al desarrollo de toda economía mercantil asi tambien la subsunción del trabajo en el capital, en sus diferentes modalidades históricas, da cuenta de un proceso que no se da única y exclusivamente en la producción, como se suele presentar restrictivamente, sino en la articulación producción/reproducción determinada por los ciclos del capital social global, con los entrecruzamientos de diversas temporalidades y juegos de poder que ello implica.
referencias bibliográficas
Chávez HCastillo, C. y García, J. (2001). Marx, entre el trabajo y el empleo. VII Congreso Nacional de Sociología. Pp. 10, 11, 12
ernández, Noé; Torres Sanabria, Guillermo
La organización inteligente en un ambiente de aprendizaje: una exploración de sus aspectos
generales
AD-minister, núm. 21, julio-diciembre, 2012, pp. 105
Universidad EAFIT
Medellín, Colombia

